Para que la prosperidad en México sea verdaderamente compartida, es urgente transitar de programas de asistencia social básica hacia políticas integrales que garanticen la autonomía económica de las mujeres más vulnerables. A través del análisis de las barreras sistémicas que enfrentan millones de mujeres (como la falta de servicios de cuidado, la violencia de pareja y la precariedad laboral), este artículo propone rediseñar las intervenciones públicas mediante un enfoque de impacto colectivo y justicia de género. Al priorizar a quienes viven en la intersección de múltiples desigualdades, no solo se busca aliviar la pobreza inmediata, sino transformar las estructuras sociales para que la educación y el talento se traduzcan en oportunidades reales de desarrollo, generando un efecto multiplicador de bienestar en sus familias y comunidades.